

La logística existe porque un producto terminado que no llega a destino vale lo mismo que uno que nunca se fabricó.
Su materia prima no son los bienes sino las decisiones sobre cuándo moverlos, cuánto guardar y por qué ruta.
Cada decisión logística se juega entre dos fuerzas opuestas: el nivel de servicio y el costo.
Más stock disponible mejora el servicio, pero inmoviliza dinero y ocupa depósito.
Un transporte más rápido acorta el plazo de entrega, y también es el más caro.
Por eso la pregunta útil nunca es qué opción es mejor, sino cuánto servicio justifica cuánto costo.
La logística gestiona el flujo de bienes e información dentro del alcance de una empresa.
La gestión de la cadena de suministro coordina la red completa, con proveedores, fabricantes, distribuidores y puntos de venta.
Dicho corto: la logística es una parte de la cadena de suministro, no su sinónimo.
Sin datos confiables la logística se vuelve adivinanza, y hay cuatro que resultan imprescindibles.
El stock real por depósito, que es lo que dice si hay con qué cumplir.
El plazo de reposición de cada proveedor, que determina cuándo hay que pedir.
La demanda esperada, que fija cuánto conviene tener disponible.
Y el costo de cada movimiento, sin el cual no hay forma de comparar una alternativa contra otra.
No: el transporte es una de sus funciones, la más visible.
La logística incluye además el abastecimiento, el almacenamiento, la preparación de pedidos y las devoluciones.
La logística se ocupa del flujo dentro del alcance de una empresa.
La cadena de suministro coordina la red completa de proveedores, fabricantes y distribuidores hasta el consumidor.
Es el camino de vuelta: devoluciones, envases, repuestos y material que regresa desde el cliente.
Se planifica aparte porque su volumen es irregular y su costo no se reparte igual que el de la entrega.
Depende de si mover y almacenar es una ventaja competitiva de la empresa o solo un costo necesario.
Tercerizar baja la inversión en depósitos y flota, y a cambio agrega dependencia de un proveedor.
