

En la mayoría de los países, el trámite lo realiza un despachante o agente de aduanas: un profesional habilitado que representa al importador o exportador, clasifica la mercadería, liquida los tributos y presenta la documentación ante la aduana.
Una empresa importa 500 unidades de una herramienta para revender. El valor FOB de la compra es de 10.000 dólares y el flete más el seguro suman 1.500, por lo que el valor CIF es de 11.500 dólares. Sobre esa base se liquidan los tributos del despacho:
El costo total de la mercadería puesta en depósito es de 14.000 dólares: el costo unitario pasó de 20 dólares (valor FOB) a 28 dólares, un 40% más. El IVA pagado en la aduana no se suma al costo, porque se computa después como crédito fiscal contra el impuesto generado por las ventas.
El despacho de aduanas define el costo real de la mercadería importada, y ese dato alimenta precios, márgenes y valuación de inventario. La práctica recomendada es partir de la orden de compra original y, al recibir la mercadería, registrar el ingreso al stock sumando al costo los derechos, tasas y gastos del despacho.
Así, los reportes de rentabilidad y la logística de reposición trabajan con el costo verdadero de cada producto, no con el precio de la factura del proveedor extranjero.