

Toda factura se lee en dos partes: el encabezado, con los datos del emisor, del destinatario y del comprobante, y el detalle, que es la lista de líneas.
Cada línea corresponde a un solo concepto vendido, y por eso una operación de dos productos genera dos líneas.
Si se venden varias unidades del mismo artículo alcanza con una sola línea que indique la cantidad.
El contenido mínimo lo fija la normativa fiscal de cada país, y los sistemas de gestión lo adaptan con plantillas configurables.
Los datos que aparecen casi siempre son estos:
Cuanto más preciso sea el detalle, más simple resulta después conciliar la factura con el pedido y con la entrega.
La expresión línea de factura es la más extendida y la que usan casi todos los sistemas de gestión.
En el habla cotidiana de varios países de América Latina se dice también renglón, ítem o detalle de la factura.
En inglés el equivalente es invoice line item, y aparece así en la mayoría de las integraciones.
Los dos nombres se parecen tanto que se confunden a menudo, y sin embargo nombran cosas de escala distinta.
La línea de factura es una parte de un comprobante, es decir un renglón.
La línea de facturación es una secuencia completa de comprobantes, con su propia serie, que se lleva por cada actividad económica.
Dicho corto: la línea de facturación agrupa muchas facturas y la línea de factura es una parte de una sola.
La línea es la unidad que conecta la factura con el resto de la operación, porque cada renglón apunta a un producto concreto del catálogo.
De ahí salen el descuento de stock, el costo de venta de esa operación y la comisión del vendedor.
Por eso una factura escrita como texto libre, sin líneas asociadas a productos, deja al sistema sin nada que analizar.
