Es un beneficio establecido por ley que libera a una persona, una entidad o una actividad del pago de un impuesto. Se aplica a sectores, bienes o hechos que la normativa decide no gravar, ya sea por la capacidad económica del contribuyente o por razones de política fiscal. Las obligaciones formales de registro y declaración pueden mantenerse, pero desaparece la obligación de pagar.
Su aplicación depende de una técnica que busca distribuir equitativamente la imposición fiscal.
Ello se debe a que no todas las personas están en las mismas condiciones de pagar impuestos.
Entonces, una vez que se evalúa la capacidad de pago de una persona o empresa se decide aplicar la Exención fiscal.
Hay dos formas de aplicar la Exención, sobre las personas o sobre los bienes y servicios:
La aplicación de este beneficio permite:
Si bien la Exención fiscal se puede confundir con la deducción, no significan lo mismo.
La Exención fiscal elimina la obligación de pagar el impuesto sobre un hecho, un bien o un sujeto determinado.
La deducción, en cambio, es un importe que se resta de la base imponible o de la cuota antes de calcular lo que se debe pagar.
Con la Exención el impuesto no se paga. Con la deducción el impuesto se paga, pero sobre un monto menor.
Básicamente, existen algunas razones para ponerla en práctica:
De acuerdo a múltiples factores se pueden encontrar diversos tipos:
El hub de Impuestos y gestión fiscal ubica este concepto dentro de un proceso empresarial.
En Monotributo: la Guía práctica para decidir si te conviene y cuándo salir vemos cómo se aplica a decisiones y tareas concretas.
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