

Es un hecho que el valor de todos los activos de una empresa, tanto fijos como circulantes, debe estar registrado en las cuentas de la empresa.
Ello se debe a que, en el mercado, el valor que les corresponde suele sufrir variaciones a través del tiempo.
En ciertos casos negativas (pierden valor) y en otros positivas (se revalorizan).
Cuando el valor del activo disminuye por debajo de su valor contable, el tratamiento que se le da en la contabilidad es diferente.
Se llama deterioro de valor.
La revalorización de activos del balance está sujeta a las leyes y normas locales, que son las que determinan en qué casos puede aplicarse este procedimiento.
Existen ciertos detalles que permiten identificar el proceso de revalorización, entre éstos se encuentran:
No todos los activos o bienes de la empresa se pueden revaluar.
Serán las normativas de cada país en materia contable las que dicten en cuáles casos y qué clase de activos puede revalorizarse.
Además, una revalorización se realiza tomando en cuenta una evaluación previa.
Dicha evaluación debe considerar un aumento considerable y continuo del valor.
Elementos de interés para considerar:
Según la normativa de cada país, optar por revaluar el activo puede tener consecuencias impositivas.
Cuando la organización decide revaluar sus activos en apego a las leyes, se generan ciertas ventajas, tales como:
Y cuando la normativa del país admite efectos fiscales, la mayor amortización del inmovilizado puede traducirse en un ahorro de impuestos.
