

El Efectivo y sus equivalentes forman parte de una partida contable.
En el estado de situación financiera de la empresa se corresponden con los activos corrientes, que la terminología tradicional llama activo circulante.
Ese estado se conoce como balance general en buena parte de América Latina y como balance de situación en España.
Allí se aprecia tanto el efectivo disponible, como los activos convertibles en un corto plazo.
El Efectivo sirve para pagar bienes o servicios necesarios para asegurar la operación de la empresa.
La caja de una empresa está compuesta de la siguiente manera:
Para lograr esto, la organización dispone de una tesorería en la que se involucran diferentes activos.
Todo esto debe ser cuidadosamente administrado, ya que tampoco es muy conveniente disponer de demasiado Efectivo.
Para que se realice la equivalencia entre un activo y el Efectivo, es necesario:
Para medir la liquidez de la empresa se pueden emplear distintas mediciones. Las más comunes son la quick ratio y la cash ratio.
La prueba de cash ratio es la más exigente porque sólo considera el efectivo y equivalentes.
Estas mediciones son de suma utilidad porque permiten tomar decisiones sobre cuánto efectivo es necesario tener.
A criterio de cada empresa, se elaboran luego las estrategias de Efectivo. Una gran cantidad de dinero en caja implica menores oportunidades de inversión.
Es necesario que se tenga en cuenta que:
Por ese motivo, parte del Efectivo hay que invertirlo en activos convertibles en un corto plazo.
Ejemplo de esto, pueden ser las inversiones en títulos o bonos de la deuda pública.
Los títulos de la deuda pública permiten su conversión en dinero en plazos que van desde los 3 hasta los 18 meses
Es el estado contable que ofrece información sobre la cantidad de Efectivo que dispone una empresa.
Esto se logra una vez que se restan todos los gastos, intereses pagados y demás pasivos.
Gracias a este estado contable se tienen en cuenta todos los movimientos de efectivo y sus equivalentes.