

Los Fondos propios son la parte del patrimonio que aportaron los socios más las ganancias acumuladas que la empresa todavía no repartió.
Ese nombre es el que usa el Plan General de Contabilidad de España.
Bajo las NIIF y en la mayor parte de América Latina el mismo bloque se llama patrimonio neto.
En México la denominación habitual es capital contable.
Dentro de la normativa española los Fondos propios son el núcleo del patrimonio neto, que además incluye los ajustes por cambios de valor y los aportes no reembolsables.
En ellos se consideran el resultado del ejercicio, el capital social y las reservas.
Están asociados al capital que pertenece a los propietarios de la empresa.
Al cierre de cada período son la sumatoria de los fondos de apertura, más el resultado del ejercicio y los nuevos aportes, menos los dividendos distribuidos.
Entre sus características principales se destacan tres.
Se constituyen con cinco componentes.
Junto con el capital, las ganancias se ubican en el lado derecho del estado de situación financiera, con las demás fuentes de financiación de la compañía.
Por eso también se los denomina pasivo no exigible.
La quiebra de una organización se produce cuando se acumulan las pérdidas y se agotan los Fondos propios.
Es decir, los pasivos exigibles superan a los activos y no quedan recursos suficientes para el pago de las deudas.
Esta fuente de financiación tiene un costo mayor que el de la financiación externa, por dos motivos.
Ese riesgo viene de que los socios cobran después de que se atienden todas las deudas de la empresa.
Con la financiación externa ocurre lo contrario, porque el impago de una deuda puede terminar en el embargo de ciertos bienes.
En cambio, si no se generan beneficios no hay obligación de pago con los socios.
El cambio de estos fondos responde a cuatro causas.