

El costo de producción reúne todo lo que la empresa consume para elaborar los bienes o prestar los servicios que vende.
Dentro de él entran la materia prima, la mano de obra que interviene en la fabricación y los costos indirectos de la planta.
Esta distinción es la que más se confunde y conviene tenerla clara desde el principio.
Un costo es un recurso que se consume y que queda incorporado al valor de un bien, de modo que sigue en el patrimonio de la empresa mientras ese bien no se venda.
Un gasto, en cambio, se consume en el período en que ocurre y afecta directamente el resultado del ejercicio.
Por eso el costo de producción de una unidad terminada que sigue en depósito no aparece todavía en el estado de resultados: está guardado en el inventario.
El día que esa unidad se vende, su costo sale del inventario y se convierte en costo de venta.
El costo de producción mide lo que cuesta fabricar las unidades de un período.
El costo de venta mide el costo de producir las unidades que efectivamente se vendieron en ese período.
La relación entre los dos es directa, porque el costo de venta de un producto fabricado parte del costo de producir las unidades vendidas.
Lo que cambia de una empresa a otra es el nivel de detalle con el que se costea cada etapa del proceso, no si el costo de producción forma parte del costo de venta
Sin ese cálculo no se puede determinar el costo de venta de un producto.
Lo que no forma parte del proceso productivo no integra el costo y se registra aparte como gasto de administración o de comercialización.
Entre esos conceptos que se registran por separado están:
Esos gastos suelen estar entre los más elevados que una organización debe afrontar, y por eso conviene no mezclarlos con el costo del producto.
Toda empresa que fabrica bienes o presta servicios necesita conocer y controlar sus costos de producción.
Es de suma importancia saber en detalle cuánto representa elaborar un bien o prestar un servicio determinado.
Los costos de producción suelen sufrir incrementos con más frecuencia que otros tipos de costos.
Por eso, para no perder rentabilidad, la medición debe ser lo más detallada posible.
Si el costo de producción termina siendo más elevado que el precio de venta que el mercado admite, la empresa se verá obligada a dejar de producir ese bien para no dar pérdidas
Dentro de los costos de producción se pueden encontrar cuatro tipos fundamentales durante el proceso de elaboración:
Las dos primeras clasificaciones responden a cómo se asignan al producto, y las dos últimas a cómo reaccionan al volumen producido.
Los costos directos son aquellos que se pueden asignar sin ambigüedad a un producto en particular.
Sus dos piezas fundamentales son la materia prima y la mano de obra directa que interviene en la fabricación.
Son aquellos costos del proceso productivo que no se pueden asignar a una unidad concreta del bien que se obtiene al final.
El alquiler de la planta, la energía de la fábrica, la supervisión y la depreciación de la maquinaria son ejemplos de costo indirecto.
Los costos fijos son aquellos que no cambian aunque suba o baje el volumen producido.
El alquiler de la planta y las pólizas de seguro son ejemplos habituales.
Los costos variables son aquellos que aumentan o disminuyen en proporción al volumen que se produce.
Los materiales que se consumen para fabricar cada unidad del bien son el caso más claro.
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