

Los OKR pueden ser empleados tanto por organizaciones como por personas que aspiran a obtener mejoras en cualquier ámbito.
Las dos partes clave son definir los objetivos y, luego, rastrear periódicamente los resultados que se van obteniendo.
Los objetivos son aquellas metas que se quieren alcanzar, o hacia dónde se quiere dirigir la empresa.
Por ello, deben inspirar y motivar al equipo.
Y los resultados son los efectos o consecuencias que provoca la aplicación de los objetivos.
Estos se miden, se procesan e informan cómo van los planes.
Son muchas las características que tienen los OKR, entre las cuales se pueden mencionar:
Entonces, cuando se emplean en la organización, deben ser de conocimiento de todos.
Así, se logra involucrar a todo el equipo en alcanzar las metas.
Pero también tienen que ser abiertos y permitir cambios, de modo que se puedan actualizar y ajustar a la realidad.
No hay que olvidar que pueden ser aplicados en cualquier ámbito de la vida personal o empresarial.
Los KPI son los indicadores clave de rendimiento, que se utilizan para evaluar la gestión y saber cuánto avanza un emprendimiento.
Si bien podrían confundirse, hay diferencias claras entre ambos, a saber:
Los OKR están dotados de integralidad, lo cual quiere decir que plantean el objetivo y a la vez miden el resultado.
Los KPI, en cambio, sólo detectan los resultados.
Por esa razón, ambos pueden ser perfectamente complementarios, pero los OKR siempre estarán por encima de los KPI.
De manera general, para plantear los OKR en una organización se pueden seguir los siguientes pasos:
Una vez que se llega al final del periodo y se someten a prueba los objetivos en base a los resultados alcanzados, es conveniente introducir mejoras.
Para ello, hay que considerar lo que se hizo bien, lo que se debió hacer de otra forma, y qué se debe hacer en el próximo periodo.
