

Las Existencias son los bienes que la empresa tiene guardados para venderlos, transformarlos o consumirlos en su actividad.
Forman parte del activo corriente, porque se espera convertirlas en dinero dentro del ciclo normal del negocio.
Su importancia es directa: sin Existencias no hay producción ni actividad comercial que sostener.
Una vez almacenadas se emplean en la producción, o bien se guardan ya terminadas para ser comercializadas.
El lugar y la forma de almacenarlas dependen del sector en el que opera la compañía.
Este término describe la mercadería en sí: qué es, cómo se clasifica y cómo se valúa.
El proceso de administrarla, con sus recuentos y su punto de reposición, se explica en Gestión de inventarios.
Dentro del activo corriente, llamado tradicionalmente activo circulante, conviven varios tipos de Existencias.
Tal como se aprecia, son activos dispuestos para la venta en plazos de tiempo muy cortos.
Por esa razón se consideran muy líquidos.
Según la función que cumplen dentro de la empresa, también se habla de Existencias especulativas, de ciclo, de seguridad, de disociación y de anticipación.
Qué nivel conviene sostener en cada una de esas funciones es una decisión que se toma al gestionar el inventario.
Conviene tener clara la distinción con el activo fijo, también llamado inmovilizado técnico.
En ese sentido, el activo fijo siempre tiene muy poca liquidez.
El costo de las Existencias se asigna con alguno de estos criterios de valoración.
El criterio elegido cambia el valor que queda registrado en el activo.
Y cambia también el costo que se lleva al resultado del período.
La valuación de las Existencias no es un detalle técnico: mueve la ganancia declarada
Por eso el criterio se mantiene en el tiempo y no se cambia de un ejercicio a otro sin justificación.
Las Existencias aparecen en el activo corriente, junto al dinero disponible y a los créditos por ventas.
Su saldo indica cuánto capital está inmovilizado en mercadería esperando venderse.
Un saldo que crece más rápido que las ventas suele avisar de compras excesivas o de productos que dejaron de rotar.
La medición de ese ritmo se hace con la rotación de inventario.