

Una empresa vende mercadería por 1.000.000 de pesos con vencimiento a 90 días, pero necesita el dinero ahora. Cede la factura a una entidad de factoring que le adelanta el 90% del valor: recibe 900.000 pesos en el momento.
A los 90 días, el cliente paga el 1.000.000 al factor. El costo de la operación fue de 100.000 pesos, un 10% del valor de la factura por anticipar el cobro tres meses. Expresado como tasa anual, ese costo supera el 40%, por eso conviene compararlo siempre contra otras fuentes de financiamiento disponibles.
La ventaja central es la liquidez inmediata: la empresa mejora su flujo de efectivo sin tomar un préstamo tradicional. En la variante sin recurso, además, transfiere el riesgo de morosidad a un tercero y se libera de la gestión de cobranza.
La principal desventaja es el costo. Usado de forma continua y sin control, el factoring erosiona el margen, porque la empresa nunca cobra el precio completo de lo que vende.
El punto de partida es el reporte de cuentas por cobrar: ahí se identifica qué facturas de qué clientes conviene ceder, según montos, vencimientos y condiciones de pago otorgadas.
Registrada la cesión, el sistema debe reflejar el ingreso del anticipo, el costo financiero de la operación y la cancelación del saldo del cliente, para que la posición de cobranzas y la contabilidad queden consistentes con lo que realmente va a ingresar.