Senge no usa la expresión "organización de aprendizaje".
Usa organización inteligente, y la define en una línea: una organización que continuamente expande su capacidad para crear su futuro.
La diferencia con una empresa común no está en la cantidad de información que maneja.
Está en que puede cambiar el modo en que piensa, y no solo el modo en que actúa.
Senge le da un nombre preciso a ese cambio: metanoia, del griego meta, más allá, y nous, mente.
Significa desplazamiento mental, el tránsito de una perspectiva a otra.
Su punto es incómodo y vale la pena decirlo entero: la palabra "aprendizaje" se degradó tanto en el uso corriente que hoy significa "absorber información", y absorber información no es aprender.
Conviene aclararlo antes de seguir, porque el título del libro depende de eso.
Por disciplina no aludo a un orden impuesto o un medio de castigo, sino un corpus teórico y técnico que se debe estudiar y dominar para llevarlo a la práctica. Una disciplina es una senda de desarrollo para adquirir ciertas aptitudes o competencias.
O sea que una disciplina no es una regla que alguien impone.
Es un camino que se recorre, como el de un músico o el de un artesano.
Los negocios son sistemas ligados por tramas invisibles de actos interrelacionados.
Esas tramas tardan años en mostrar sus efectos mutuos, así que la causa de un problema y el problema casi nunca se ven juntos.
Como formamos parte de la urdimbre, tendemos a mirar fotos instantáneas de partes aisladas.
Y después nos preguntamos por qué los problemas de fondo nunca terminan de resolverse.
Las causas pequeñas producen efectos grandes, pero en una empresa esas causas pequeñas están escondidas dentro de un sistema complejo que casi nadie está entrenado para leer.
Ahí está también la buena noticia: si formamos parte del sistema, tenemos el poder de alterar la estructura en la que estamos operando.
Senge las presenta con una imagen dura.
Los problemas de aprendizaje son trágicos en los niños, sobre todo cuando no se detectan. Son igualmente trágicos en las organizaciones, donde suelen pasar inadvertidos.
No son fallas de carácter ni falta de compromiso.
Son patrones que aparecen en cualquier empresa lo bastante grande como para tener áreas separadas.
Nos enseñan a ser leales a la tarea hasta el punto de confundirla con la identidad propia.
Senge cuenta el caso de unos obreros de una acería que respondían siempre lo mismo cuando se les preguntaba por su trabajo: "¿Cómo podría hacer otra cosa? Yo soy tornero".
Cuando cada uno se concentra solamente en su puesto, nadie se siente responsable del resultado de la interacción entre los puestos.
El ejemplo que usa es el de tres fabricantes de Detroit que desarmaron un auto japonés y encontraron el mismo perno haciendo tres trabajos distintos, mientras que en sus propias plantas hacían falta tres pernos diferentes.
Es la propensión a culpar a alguien o algo de afuera cuando las cosas salen mal.
No es un problema aparte: es un subproducto directo de la barrera anterior.
Al concentrarnos en nuestra posición no vemos que nuestros actos la trascienden, así que cuando esos actos vuelven y nos golpean creemos que vienen de afuera.
El caso del libro es People Express, que explicó su caída por la agresividad de la competencia mientras su problema real era la calidad del servicio.
A menudo, la proactividad es reactividad disfrazada.
Si la respuesta a un problema es volverse más agresivo para pelear contra el enemigo externo, eso sigue siendo reaccionar, aunque se lo llame de otra manera.
La proactividad verdadera surge de ver cómo intensificamos nuestros propios problemas.
Es un producto del modo de pensar, no del estado emocional.
Estamos condicionados para ver la vida como una serie de hechos, cada uno con una causa obvia.
Es herencia evolutiva: al cavernícola le servía ver el tigre por encima del hombro, no contemplar el cosmos.
La ironía es que hoy las amenazas mayores no llegan como hechos repentinos sino como procesos lentos y graduales.
Una empresa que reacciona a hechos puede optimizar sus reacciones, pero nunca va a aprender a crear.
Esta es la parábola más citada del libro, y explica mejor que ninguna otra por qué las empresas no ven venir lo que las derriba.
Si ponemos una rana en una olla de agua hirviente, inmediatamente intenta salir. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados centígrados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida, y finalmente no está en condiciones de salir de la olla. Aunque nada se lo impide, la rana se queda allí y hierve.
El motivo es que su aparato interno para detectar amenazas está preparado para cambios repentinos, no para cambios lentos.
Detroit es la rana.
La participación japonesa en el mercado norteamericano era menor al 4 % en 1962, llegó al 10 % en 1967 y al 15 % en 1974.
Cuando los tres grandes empezaron a revisar en serio sus supuestos, a principios de los ochenta, ya era el 21,3 %, y en 1989 rozaba el 30 %.
La salida que propone Senge no es tecnológica.
Para aprender a ver procesos lentos y graduales tenemos que aminorar nuestro ritmo frenético y prestar atención no sólo a lo evidente sino a lo sutil.
Cada persona tiene un horizonte de aprendizaje, que es la anchura de visión en tiempo y espacio dentro de la cual evalúa si lo que hizo funcionó.
Y ahí aparece el dilema central del aprendizaje en una organización.
Se aprende mejor de la experiencia, pero nunca experimentamos directamente las consecuencias de muchas de nuestras decisiones más importantes.
Las divisiones funcionales, que se crearon justamente para partir un problema grande en partes manejables, terminan volviéndose chimeneas que impiden el contacto entre quien decide y quien recibe la consecuencia.
Los equipos de dirección pasan buena parte del tiempo defendiendo territorio, callando desacuerdos y sosteniendo una apariencia de cohesión.
Las decisiones conjuntas terminan siendo componendas aguadas que todos pueden aceptar y nadie defiende de verdad.
Senge cita a Chris Argyris.
La mayoría de los equipos administrativos ceden bajo presión. El equipo puede funcionar muy bien con problemas rutinarios, pero cuando enfrenta problemas complejos que pueden ser embarazosos o amenazadores, el espíritu de equipo se va al traste.
Argyris lo llama incompetencia calificada: equipos llenos de gente increíblemente apta para cerrarse al aprendizaje.
En los años sesenta, la Sloan School del MIT creó una simulación con tres participantes.
Uno maneja un almacén minorista, otro un mayorista y el tercero una fábrica de cerveza.
Cada uno decide cuánto pedir, sin poder hablar con los otros y sin ver más que su propio pedido y su propio inventario.
El resultado se repite en los cinco continentes y en miles de partidas: se genera una crisis brutal de sobrestock y desabastecimiento, con tres personas que tomaron decisiones razonables.
La lección que Senge extrae es la que sostiene todo el libro.
Nadie tiene la culpa. Cada uno de los tres jugadores tenía las mejores intenciones posibles, no obstante hubo una crisis, inherente a la estructura del sistema.
De ahí sale el primer principio del pensamiento sistémico, y conviene leerlo dos veces.
La estructura influye sobre la conducta.
Cuando pertenecen al mismo sistema, las personas, a pesar de sus diferencias, suelen producir resultados similares.
Cambiar la persona sin cambiar la estructura reproduce el problema con otra cara.
El pensamiento sistémico es un marco conceptual y un cuerpo de herramientas desarrollado a lo largo de cincuenta años para que los patrones totales resulten visibles y modificables.
Es la quinta disciplina por una razón concreta: es la que integra a las otras cuatro y las convierte en un cuerpo coherente en vez de cuatro modas separadas.
La imagen que usa Senge para explicarlo es el DC-3.
El Boeing 247 tenía cuatro de las cinco tecnologías que hacían falta para que un avión comercial fuera viable, y no funcionaba.
El DC-3 tuvo las cinco a la vez, en 1935, e inauguró la aviación comercial.
Con cuatro no alcanza, y esa es toda la tesis del título.
La relación funciona en las dos direcciones.
La visión sin pensamiento sistémico termina por pintar seductoras imágenes del futuro sin conocimiento profundo de las fuerzas que se deben dominar para llegar allá.
Senge lo cuenta con la parábola del mercader de alfombras.
El mercader ve un bulto en el centro de su alfombra más hermosa y lo pisa para aplanarlo.
El bulto reaparece en otro lugar, lo vuelve a pisar, y así hasta que levanta una punta y sale reptando una serpiente.
Las soluciones que solo desplazan el problema a otra parte del sistema pasan inadvertidas porque quien resolvió el primer problema no suele ser quien hereda el segundo.
El ejemplo empresarial del libro es preciso: las ventas cayeron este trimestre porque un programa de descuentos muy exitoso del trimestre anterior indujo a los clientes a comprar antes.
Es exactamente el tipo de cosa que se detecta cuando el proceso de venta está escrito y se puede mirar completo, y que se vuelve invisible cuando cada trimestre se analiza por separado.
El fenómeno tiene nombre técnico: realimentación compensadora.
Las intervenciones bien intencionadas provocan respuestas del sistema que compensan los frutos de la intervención.
Cuanto más presionamos, más presiona el sistema; cuanto más esfuerzo realizamos para mejorar las cosas, más esfuerzo se requiere.
La imagen que elige Senge es Boxer, el caballo de Rebelión en la granja, cuya respuesta a cada dificultad era la misma: "Trabajaré con mayor empeño".
Cuando la única palanca disponible es esforzarse más, el agotamiento llega antes que el resultado.
Las intervenciones de bajo apalancamiento serían mucho menos seductoras si no funcionaran en el corto plazo.
La realimentación compensadora trae una demora, un paréntesis entre el beneficio inmediato y el perjuicio posterior.
Senge lo ilustra con una caricatura del New Yorker: un hombre empuja una ficha de dominó gigante y no ve que las fichas están dispuestas en círculo, así que la última le va a caer encima por el otro lado.
Esa demora es la razón por la que tantas decisiones se celebran a los tres meses y se lamentan a los dos años.
Es la historia sufí del borracho que busca las llaves debajo del farol.
Cuando le preguntan si las perdió ahí, responde que no, que las perdió junto a la puerta de su casa, pero que ahí no hay luz.
Senge llama a esto el síndrome de "aquí se necesita un martillo más grande": insistir con la solución conocida porque es la que sabemos aplicar, no porque sea la que corresponde.
El consumo de alcohol empieza como un modo de aliviar el estrés laboral y termina reduciendo la autoestima, lo que aumenta el estrés.
La consecuencia más insidiosa de las soluciones asistémicas es que se necesitan cada vez más.
El nombre técnico del patrón es desplazamiento de la carga.
Toda solución de largo plazo tiene que, en palabras de Donella Meadows, fortalecer la aptitud del sistema para sobrellevar sus propias cargas.
Gana la tortuga, y no por moraleja sino por estructura.
Casi todos los sistemas naturales tienen tasas de crecimiento intrínsecamente óptimas, y la óptima es siempre bastante menor que el crecimiento más rápido posible.
Cuando el crecimiento se vuelve excesivo, como ocurre en el cáncer, el propio sistema compensa aminorando la marcha, y muchas veces pone en riesgo su supervivencia.
Suponemos casi siempre que la causa está cerca del efecto.
De chicos era cierto, mientras jugáramos con un solo grupo de juguetes: el problema y la solución nunca estaban lejos.
De grandes seguimos buscando la causa del problema de producción dentro de producción, y la causa del problema de ventas dentro de ventas.
El primer paso para corregir esa disparidad es abandonar la noción de que causa y efecto están cerca.
Es el principio de la palanca, y es el corazón del libro.
La metáfora que usa Senge es el apéndice de orientación que diseñó Buckminster Fuller.
Es una especie de timón del timón: un artilugio diminuto que produce un efecto enorme sobre un buque descomunal, y que hay que girar a la derecha para que el timón principal vaya a la izquierda.
No hay reglas sencillas para encontrar el punto de apalancamiento.
Sí hay un modo de pensar que lo facilita, y consiste en mirar estructuras en lugar de hechos.
Los fabricantes norteamericanos creyeron durante años que había que elegir entre bajo costo y alta calidad.
Lo que no veían era que ciertas mejoras básicas en los procesos evitaban la repetición de tareas, eliminaban inspectores, reducían quejas y bajaban los costos de garantía y de publicidad.
Es posible que el mes próximo debamos escoger entre lo uno o lo otro, pero sólo podremos aplicar la palanca si vemos que ambos pueden mejorar a través del tiempo.
El dilema casi siempre es una foto, y casi nunca sobrevive a la película.
Los sistemas vivientes tienen integridad.
Senge recurre a la historia sufí de los tres ciegos y el elefante: uno toca la oreja y dice que es una alfombra, otro toca la trompa y dice que es un tubo, el tercero toca la pata y dice que es una columna.
Dado el modo de conocer de estos hombres, jamás conocerán un elefante.
De ahí sale el principio del límite del sistema: las interacciones que hay que examinar son las relevantes para el problema, al margen de dónde caiga el límite del organigrama.
Es la más corta y la más difícil de aplicar.
El pensamiento sistémico muestra que no hay nada externo; nosotros y la causa de nuestros problemas formamos parte de un solo sistema. La cura radica en la relación con nuestro enemigo.
Esta ley es la que vuelve tan valioso el hábito de dejar registrada una decisión con su motivo y su resultado.
Cuando existe ese registro, la conversación posterior deja de ser sobre quién se equivocó y pasa a ser sobre qué información faltaba en ese momento.
Los arquetipos son patrones estructurales que se repiten una y otra vez, en empresas de cualquier tamaño y de cualquier rubro.
Fueron desarrollados a mediados de los años ochenta por Jennifer Kemeny, con Michael Goodman y el propio Senge, en parte sobre notas de John Sterman.
Su utilidad práctica es que cada uno viene con un síntoma de advertencia, que es la frase que se escucha adentro de la empresa cuando el patrón está actuando.
Reconocer la frase es reconocer el patrón.
Se actúa hacia una meta, pero el sistema tarda en responder, así que se corrige de más o se abandona antes de tiempo.
Síntoma: "Creíamos que estábamos en equilibrio, pero luego tomamos una medida excesiva".
Qué hacer: en un sistema lento, la agresividad produce inestabilidad. Ser paciente, o lograr que el sistema reaccione más rápido.
Un proceso se alimenta a sí mismo y produce resultados crecientes, hasta que choca contra un factor limitativo que nadie estaba mirando.
Síntoma: "¿Por qué preocuparnos por problemas que no tenemos? Estamos creciendo muchísimo".
Qué hacer: no presionar el proceso que crece. Identificar y debilitar el factor que limita.
Un problema de fondo genera síntomas, se atiende el síntoma porque es más rápido, y la capacidad de aplicar la solución de fondo se atrofia.
Síntoma: "Esta solución ha funcionado hasta ahora, ¿quién dice que nos esperan problemas?".
Qué hacer: concentrarse en la solución fundamental y usar la sintomática solo para ganar tiempo.
Es el caso especial del anterior, y aparece cada vez que alguien de afuera resuelve el problema en lugar de enseñar a resolverlo.
Qué hacer: enseñar a pescar en vez de dar el pescado.
Cuando hay distancia entre la meta y la realidad, en vez de subir la realidad se baja la meta.
Síntoma: "No importa que nuestras pautas de desempeño se deterioren un poco, solo hasta que termine la crisis".
Qué hacer: sostener la visión.
Dos partes miden su bienestar comparándose entre sí, y cada avance de una dispara la respuesta de la otra.
Síntoma: "Si nuestro oponente se aplacara, podríamos dejar de librar esta batalla".
Qué hacer: buscar el modo de que ambas partes ganen, o revertir la espiral con un gesto deliberadamente pacífico.
Dos actividades compiten por un recurso limitado, y la que arranca mejor recibe cada vez más, no por ser mejor sino por haber arrancado antes.
Qué hacer: buscar una meta abarcadora de logro equilibrado, o cortar el eslabonamiento para que dejen de competir por el mismo recurso.
Muchos usan un recurso común, cada uno con un uso razonable, y entre todos lo agotan.
Síntoma: "Había en abundancia para todos. Ahora las cosas están difíciles".
Qué hacer: administrar el terreno común, educar a los participantes y crear mecanismos de autorregulación.
También aparece en el libro con el título "Apaguen ese incendio".
Una solución resuelve el síntoma de inmediato y genera consecuencias no previstas que agravan el problema original.
Síntoma: "Siempre funcionó antes, ¿por qué no funciona ahora?".
Qué hacer: no descuidar el largo plazo, y usar la solución corta solo para ganar aire.
El crecimiento se acerca a un límite que podría correrse invirtiendo en capacidad, pero la inversión no se hace porque los indicadores todavía no la justifican.
Qué hacer: si hay potencial genuino de crecimiento, construir la capacidad anticipándose a la demanda, como estrategia para generar esa demanda.
Este último es el que más se parece a lo que le pasa a una empresa mediana cuando decide qué hacer con su sistema de gestión, y por eso conviene mirarlo con indicadores clave de rendimiento y no con impresiones.
Senge dedica el primer párrafo de esta disciplina a desactivar un malentendido.
Un maestro artesano domina la alfarería o el tejido, pero no ejerce dominación sobre estas actividades.
Dominio quiere decir maestría, no control.
Es la disciplina que permite aclarar y ahondar continuamente la visión personal, concentrar las energías, desarrollar paciencia y ver la realidad de manera objetiva.
Y es el cimiento de todo lo demás por una razón aritmética: la capacidad de aprender de una organización no puede superar la de las personas que la componen.
El aprendizaje, acá, no es adquirir más información.
Es expandir la capacidad de producir los resultados que verdaderamente se quieren.
La visión personal es la capacidad de enfocarse en los deseos intrínsecos últimos, y no solamente en los objetivos secundarios que sirven para llegar a ellos.
Ganar más dinero suele ser un objetivo secundario.
La distancia entre esa visión y la realidad actual no es un problema a eliminar: es la fuente de energía.
Senge la llama tensión creativa, y su punto es que se resuelve mal cuando se baja la visión, y bien cuando se sube la realidad.
Los modelos mentales son supuestos hondamente arraigados, generalizaciones e imágenes que influyen sobre cómo entendemos el mundo y cómo actuamos.
Casi siempre operan sin que tengamos conciencia de ellos.
La disciplina empieza con un gesto que Senge describe como volver el espejo hacia adentro: sacar a la superficie las imágenes internas y someterlas a escrutinio.
La distinción viene de Chris Argyris y es la herramienta más incómoda del capítulo.
La teoría expuesta es lo que decimos que creemos.
La teoría en uso es lo que revelan nuestros actos.
Alguien puede afirmar que confía en todas las personas y, al mismo tiempo, no prestar nunca dinero a un amigo y cuidar celosamente sus pertenencias.
Detectar la brecha entre las dos no es un ejercicio de sinceridad personal: es lo que permite entender por qué una empresa que dice priorizar la calidad premia, en los hechos, el volumen.
La mayoría de las conversaciones de trabajo son puro alegato.
Cada uno expone su posición y busca argumentos que la sostengan, y nadie pregunta con intención real de escuchar la respuesta.
La disciplina consiste en exponer el propio razonamiento y a la vez indagar seriamente el ajeno, no en alternar turnos de palabra.
El caso que Senge documenta es el de Royal Dutch/Shell, que pasó de ser la más débil de las siete grandes petroleras a principios de los setenta a la más fuerte a fines de los ochenta, trabajando explícitamente sobre los modelos mentales de sus directivos.
No existe una organización inteligente sin un objetivo común por el cual valga la pena esforzarse.
La clave de la disciplina es traducir la visión individual en visión compartida, y ahí Senge marca una distinción que decide todo.
Compromiso genuino no es lo mismo que mero acatamiento.
Una visión impuesta consigue lo segundo, y a veces alcanza para el corto plazo.
Pero no hay nada que se pueda hacer para generar compromiso en alguien que no cree en el objetivo, y sin compromiso no hay aprendizaje.
De ahí sale una consecuencia práctica que cuesta aceptar: quien tiene la visión no puede pedirle a los demás que la sigan, solo puede ofrecerla y dejar que adhieran.
El capítulo arranca con una pregunta que incomoda.
¿Cómo puede un equipo de directivos, con un coeficiente intelectual individual de 120 cada uno, tener un coeficiente colectivo de 63?
El aprendizaje en equipo es el proceso de alinear y desarrollar la capacidad de un equipo para crear los resultados que sus miembros verdaderamente desean.
Es vital por una razón que Senge subraya: la unidad fundamental de aprendizaje en las organizaciones modernas no es el individuo sino el equipo.
Si los equipos no aprenden, la organización no aprende.
La discusión comparte raíz con percusión y concusión.
Es un peloteo de ideas donde cada uno defiende la propia y el ganador se queda con todo.
El diálogo, en cambio, viene de dia-logos, que para los griegos era el libre flujo del significado a través del grupo.
Su condición de entrada es suspender los supuestos: no abandonarlos ni disimularlos, sino sostenerlos a la vista de todos para poder examinarlos.
Las dos formas son necesarias, y el problema de la mayoría de las empresas es que son muy buenas en la primera y no practican nunca la segunda.
Ayuda mucho que la conversación quede en algún lado.
Cuando el intercambio ocurre en una red social empresarial y no en correos sueltos, el equipo que llega seis meses después puede leer el razonamiento completo, y no solamente la conclusión.
Vale la pena cerrar con la distinción que Senge usa para separar a una empresa que sobrevive de una que crea.
El aprendizaje para la supervivencia, lo que a menudo se llama aprendizaje adaptativo, es importante y necesario. Pero una organización inteligente conjuga el aprendizaje adaptativo con el aprendizaje generativo, un aprendizaje que aumenta nuestra capacidad creativa.
El aprendizaje adaptativo responde a lo que pasó.
El generativo cambia la manera de mirar, y por eso es el único que produce metanoia.
Las cinco disciplinas no se implementan comprando nada.
Se practican, que es exactamente lo que quiere decir la definición de disciplina con la que arranca el libro.
Ahora bien, todas ellas necesitan una condición material que en 1990 era mucho más difícil de conseguir que hoy: que la información de la empresa esté en un solo lugar y sea legible por todos.
El pensamiento sistémico exige ver la cadena completa, y esa cadena solo se ve cuando compras, ventas, inventario y finanzas viven en el mismo sistema.
La ley 7 se vuelve manejable cuando un informe permite mirar doce meses juntos en vez de doce cierres por separado.
La ley 11 deja de ser un principio abstracto cuando cada decisión importante queda registrada con su motivo, su responsable y su resultado.
Y el aprendizaje en equipo se sostiene cuando la discusión previa a una resolución queda guardada junto al registro que la originó, y no en la memoria de quien participó.
Eso es lo que hace un ERP nativo en la nube: poner la estructura a la vista, que es la condición sin la cual ninguna de las cinco disciplinas puede practicarse en serio.
Ubica este contenido dentro del hub de Cultura organizacional de la empresa. Para convertir la idea en una acción concreta, continúa con estos recursos relacionados.
Felicidad en el trabajo: ¿Quieres lograrla tanto para ti, como para tus empleados o colegas? Aprende cómo ser más feliz, y de este modo más productivo, creativo, motivado y brindar mejor calidad de servicio al cliente. ¿Cómo? Siguiendo esta guía práctica de consejos, para construir habilidades y manejar cualquier conflicto que se presente, sin perder el amor a lo que hacemos: a nuestro trabajo.
Para aprovechar al máximo la potencia de tu empresa, debes comprender qué es lo que motiva a cada uno de sus empleados… y vincular eso con la misión de tu negocio. Aquí te mostramos cómo motivarte a ti mismo, a tu equipo y a tu empresa a niveles óptimos, aprovechando las fuerzas internas y externas que inspiran a las personas a hacer cosas todos los días.
La transformación digital impulsa la competitividad de las empresas. En este artículo, analizamos la entrevista de Juan Manuel Garrido, fundador de EGA Futura, quien comparte su visión sobre la evolución del software de gestión, integración de procesos, ERP y comercio electrónico, ofreciendo claves para la modernización y el éxito empresarial.
La tecnología avanza a pasos agigantados, y Salesforce se encuentra a la vanguardia con su innovador asistente impulsado por inteligencia artificial, Einstein Copilot. Aquí exploraremos en detalle cómo esta herramienta revolucionaria está cambiando la forma en que las empresas interactúan con sus datos y optimizan sus procesos.
Ventas, compras, inventario, finanzas y equipo, con la información al día y disponible desde cualquier dispositivo. Funciona en la nube, así que no hay servidores que mantener.
Quiero llevar mi Empresa a la NubeToma el control de tus Productos, Listas de precios y stock de manera cómoda y efectiva.
Aprende a activar y desactivar notificaciones con tarjetas de notificación emergentes y correos electrónicos para tus actividades, tareas y eventos dentro de la plataforma.
En la página de inicio del objeto Listas de precios encontramos un listado de todas las listas de precios. Desde aquí, se pueden modificar, eliminar, activar y desactivar cada una de las Listas de Precios. Aquí te enseñamos cómo se hace, fácil.
Cómo agregar productos a la Standard Price Book o lista de precios estándar en EGA Futura. El precio estándar es el primer precio que se debe asignar a un producto. Si no existe un precio estándar no se puede dar ningún otro precio al producto es decir, no se puede agregar el producto a ninguna otra lista de precios.
Los calendarios públicos sirven para agrupar los eventos que involucran los distintos sectores, departamentos o áreas de la compañía. Los eventos de cada grupo o departamento se gestionan desde su propio calendario. En este tutorial te vamos a enseñar cómo crear un evento en el calendario de cada uno esos departamentos o equipos de trabajo.
Cómo crear un pedido desde cero y conocer todos los elementos involucrados, saber cómo funciona cada campo y las relaciones con Listas de precios, Productos, Divisas, etc.