El conflicto aparece cuando existen intereses, percepciones, responsabilidades o necesidades que no encajan. No siempre es una falla. Puede revelar información importante sobre prioridades, riesgos y límites.
El problema comienza cuando dejamos de discutir el asunto y convertimos a la otra persona en la explicación completa. Entonces corregimos, criticamos o castigamos sin comprender qué produjo la conducta. La reacción defensiva confirma nuestra primera impresión y el ciclo gana intensidad.
The Anatomy of Peace, del Arbinger Institute, propone observar la forma en que vemos a quienes participan. Su idea central distingue un “corazón de paz”, que reconoce personas, de un “corazón de guerra”, que las reduce a obstáculos, vehículos o elementos irrelevantes.
Resolver no significa evitar la diferencia. Significa impedir que la necesidad de tener razón reemplace al problema que necesitamos atender.
Este enfoque puede combinarse con prácticas de gestión: describir hechos, escuchar perspectivas, acordar acciones y revisar resultados. La mirada relacional no reemplaza la responsabilidad; permite ejercerla con mejor información.
La pirámide organiza seis niveles de intervención. En la punta está la corrección. Debajo aparecen enseñar y comunicar, escuchar, construir la relación, fortalecer vínculos con otras personas influyentes y revisar nuestra manera de estar frente al conflicto.
La propuesta es simple: cuando una intervención no funciona, buscamos qué nivel inferior quedó débil. Repetir la misma corrección con mayor dureza puede producir obediencia momentánea, pero rara vez construye un cambio sostenible.
La base pregunta desde qué disposición nos acercamos. Si buscamos demostrar superioridad, la escucha se vuelve táctica y la otra persona suele percibirlo. Si buscamos comprender y resolver, podemos mantener firmeza sin deshumanizar.
Luego aparece la relación. La confianza no exige simpatía ni acuerdo permanente. Se construye cuando existe previsibilidad, respeto, cumplimiento y capacidad de reconocer errores.
Escuchar significa incorporar las preocupaciones ajenas a nuestra comprensión del problema. No implica aceptar toda explicación. Permite distinguir un desacuerdo real de una diferencia producida por información incompleta.
Enseñar y comunicar requiere comprobar que la expectativa sea clara. Muchas correcciones fracasan porque el resultado esperado, la autoridad o el criterio de calidad nunca fueron acordados.
La corrección sigue siendo necesaria cuando existe una conducta, un estándar o un compromiso incumplido. La pirámide no propone eliminarla, sino sostenerla sobre una base de claridad y relación.
Antes de corregir preguntamos: explicamos el resultado, escuchamos el contexto, comprendemos los obstáculos y contamos con la autoridad necesaria? Si la respuesta es negativa, conviene fortalecer el nivel correspondiente.
Las expresiones no describen tranquilidad o enojo visibles. Podemos hablar con voz serena y seguir tratando a alguien como un objeto. También podemos expresar una diferencia firme y conservar un corazón de paz.
En este estado reducimos a la otra persona a una categoría. Puede convertirse en “el problema”, “la resistencia”, “un recurso” o “alguien que nunca entiende”. Esa reducción simplifica la historia y aumenta nuestra sensación de justificación.
Cuando vemos objetos, nuestras preocupaciones parecen más reales que las ajenas. Interpretamos cada gesto como confirmación y dejamos de buscar datos que contradigan el relato. La curiosidad desaparece.
Reconocemos que la otra persona también tiene objetivos, temores, presiones y responsabilidades. Esto no elimina límites ni consecuencias. Cambia la calidad de la pregunta: qué ocurre aquí y qué parte estamos ayudando a sostener?
La paz no equivale a pasividad. Podemos decir no, marcar un incumplimiento o tomar una decisión difícil sin degradar a quien la recibe.

El autoengaño aparece cuando actuamos contra algo que considerábamos correcto y luego construimos una explicación para justificarlo. La explicación exagera defectos ajenos, minimiza nuestra contribución y protege una imagen favorable de nosotros mismos.
En un equipo puede comenzar con un gesto pequeño. Detectamos que alguien necesita información, decidimos no enviarla y después concluimos que esa persona es desorganizada. Cuando el trabajo se retrasa, usamos el retraso como prueba de nuestra interpretación.
La complicidad describe un ciclo donde cada parte provoca en la otra la conducta que después utiliza como justificación. Controlamos porque suponemos falta de compromiso; el control reduce iniciativa; la menor iniciativa confirma que debemos controlar.
El ciclo tiene cuatro movimientos:
Romper el ciclo exige revisar hechos y efectos. No necesitamos aceptar toda la culpa. Necesitamos reconocer qué aporte propio puede modificarse.
Generalizaciones como “siempre” y “nunca”, conversaciones imaginarias donde ganamos cada discusión, selección de evidencia favorable y necesidad de sumar aliados suelen indicar que la justificación desplazó al asunto.
Otra señal es la resistencia a formular un pedido concreto. El reproche permite mantener una posición moral; un pedido nos obliga a expresar qué cambio esperamos y a escuchar una respuesta.
El modelo llama “caja” a una percepción cerrada que distorsiona cómo nos vemos, cómo vemos a otras personas y cómo interpretamos el entorno. Podemos movernos entre varias cajas según la situación.
Nos vemos como superiores, correctos o indispensables. A los demás los percibimos como incapaces y al mundo como un espacio que necesita nuestra intervención. El resultado suele ser impaciencia y desprecio.
Nos vemos como víctimas de una injusticia y a los demás como desagradecidos. Cada inconveniente se agrega a una cuenta pendiente. El resentimiento dificulta reconocer acuerdos previos o límites legítimos.
Necesitamos aprobación y convertimos al entorno en una audiencia crítica. Evitamos preguntas, escondemos errores o trabajamos para proteger una imagen. La ansiedad reduce aprendizaje y vuelve amenazante cualquier observación.
Nos vemos como deficientes y a otras personas como favorecidas. Esa comparación puede producir retirada, tristeza o sensación de impotencia. También limita la capacidad de pedir ayuda con precisión.
Nombrar una caja no es diagnosticar una identidad. Es reconocer una posición temporal. La pregunta útil es qué información queda fuera cuando miramos desde ese lugar.

Salir comienza cuando reconocemos que nuestra historia no explica toda la situación. Esa apertura suele aparecer al recordar una relación o un momento donde pudimos ver a la misma persona con más amplitud.
Observamos señales: urgencia por demostrar, satisfacción ante el error ajeno, rechazo de datos nuevos o deseo de castigar. No usamos estas señales para reprocharnos, sino para recuperar margen de elección.
Podemos recordar una ocasión donde la cooperación fue posible, conversar con alguien que no alimente bandos o alejarnos unos minutos de la situación. El objetivo es recuperar perspectiva, no reunir argumentos.
Preguntamos qué desafíos enfrenta la otra persona, cómo contribuimos al problema, qué información estamos ignorando y qué acción concreta podría ayudar. También revisamos qué límite debemos sostener.
La empatía no obliga a asumir responsabilidades ajenas. Permite separar la persona del comportamiento y elegir una intervención proporcionada.
Una reflexión no cambia el ciclo si no modifica una conducta. Podemos compartir información, reconocer una omisión, pedir una conversación o aclarar una expectativa. La acción debe responder al problema, no a la necesidad de parecer comprensivos.
Una conversación útil necesita preparación, escucha y cierre. Podemos usar una secuencia breve para evitar que el intercambio se transforme en una revisión ilimitada de agravios.
Describimos el hecho observable, su impacto y el resultado que buscamos. “El informe llegó dos días después del acuerdo y retrasó el cierre” aporta más que “falta compromiso”.
También distinguimos entre incidente y patrón. Un caso aislado puede requerir una corrección puntual; una repetición puede señalar un problema de capacidad, proceso o responsabilidad.
Preguntamos qué ocurrió y escuchamos sin preparar la respuesta al mismo tiempo. Luego resumimos lo entendido y verificamos. La escucha no suspende la autoridad; mejora el diagnóstico.
Definimos qué cambiará, quién responde, qué apoyo existe y cuándo revisaremos. Si hay consecuencias, deben expresarse con claridad y coherencia respecto de políticas y acuerdos.
Una reunión de resolución necesita un cierre. La comprensión mutua es valiosa, pero el trabajo requiere una acción verificable.
En la fecha acordada evaluamos conducta y efecto. Evitamos reabrir toda la historia si el compromiso se cumplió. Si no se cumplió, revisamos causa, responsabilidad y siguiente intervención.
No todos los desacuerdos necesitan un expediente. Sí conviene registrar decisiones, responsabilidades, fechas y hechos cuando existe impacto operativo, riesgo o repetición.
Un ticket de servicio puede ordenar un incidente que requiere seguimiento. Para iniciativas con varias acciones, EGA Futura Project permite reunir responsables y avances.
El registro debe ser neutral. Incluimos hechos, acuerdos y estado; evitamos adjetivos sobre carácter o intenciones. Si la situación afecta a un empleado, respetamos confidencialidad y políticas aplicables.
Cuando existen acoso, discriminación, violencia, fraude o riesgo legal, la conversación informal no alcanza. Corresponde activar canales formales y obtener asesoramiento adecuado.
En EGA Futura entendemos que un conflicto contiene dos trabajos. Uno es resolver el asunto operativo. El otro es evitar que las personas queden reducidas a etiquetas que impidan colaborar después.
La pirámide de influencia recuerda que la corrección ocupa la parte más visible, pero no la más amplia. Comunicación, escucha, relación y disposición sostienen su eficacia.
Podemos ser firmes sin entrar en guerra. La diferencia aparece cuando buscamos comprender antes de concluir, reconocemos nuestra contribución y cerramos cada conversación con acuerdos que puedan revisarse.
Estas respuestas resumen los criterios centrales para aplicar el enfoque.
No. Significa aplicar límites o consecuencias sin reducir a la persona a su error y con criterios claros.
Podemos expresar el asunto, ofrecer un momento y dejar claro qué decisión corresponde si no existe respuesta. La cooperación no siempre puede imponerse.
Cuando el diálogo directo se repite sin avance, existe una diferencia importante de poder o una tercera persona neutral puede ordenar hechos y acuerdos.
Un hecho puede describirse y verificarse: fecha, conducta, resultado. Una interpretación atribuye intención, capacidad o carácter. Ambas pueden discutirse, pero no deben confundirse.
Una acción concreta, una persona responsable, un plazo, el apoyo necesario y una fecha de revisión. Ese cierre convierte la conversación en gestión.
Algo que debemos afrontar y solucionar todos los días, son los conflictos que se nos presentan. Ya sea en tu casa, en tu trabajo o en cualquier aspecto de tu vida, los conflictos serán una etapa, la cual debes enfrentar y superar.
Y como acá en EGA Futura, sabemos lo complicado que puede ser enfrentarse a los conflictos, por eso hemos creado este vídeo, para enseñarte cómo afrontar los inconvenientes que se presentan en tu trabajo.
Hay una cosa muy frecuente en los trabajos, y son las personas que no saben como resolver o enfrentarse a los conflictos, que se generan en el mismo. Debemos entender que son normales este tipo de situaciones, y aprender a resolver estas circunstancias, no será una tarea sencilla.
En EGA Futura siempre vamos a pensar en ti y velar por tu crecimiento profesional. Es por eso que en este vídeo te vamos a mencionar algunos aspectos, para que puedas crecer y afrontar mejor los conflictos, los cuales van a ir surgiendo a medida que vayas avanzando en tu trabajo. Y como siempre, solo vamos a mencionar algunos, porque debajo de este video, hallarás un link que te llevará directo a una de nuestras páginas, en donde podrás leer muchos más métodos, que estoy seguro que serán de tu interés.
Sin mas nada que agregar, comenzare a hablarte sobre algo llamado: La pirámide de influencia.
¿y qué es esto? Pues como ya te mencione antes, es uno de los métodos que hallarás en el artículo de Egafutura.com/negocios, para poder enfrentarse a los conflictos y poder solucionarlos. Pero antes de explicarte como funciona la pirámide, debo decirte una cosa: ‘’Siempre nos enfocamos en lo que está mal’’ Esto quiere decir, que cuando vemos algo que no está bien o que no se hace de manera correcta, enfocamos nuestras energías en decir que algo va mal. La Pirámide de influencia, no solo trata de corregir estas situaciones, también busca el porqué ocurren estos inconvenientes.
Y para que este método funciones, existen niveles en la pirámide que se deben tomar en cuenta:
Corrección: Esta es la conocida punta del iceberg, y rara vez funciona para crear cambios.
Enseñar y comunicar: Debes preguntarte ¿Es lo que quiero claro para la otra persona?
Básicamente lo que se busca con la pirámide, es ir más allá de resolver el problema. Se trata de conectar con la persona y crear un cambio en la misma.
Existen otros métodos muy interesantes, para la resolución de conflictos, pero para saber más de ellos y cuales son, te recomiendo que visites el enlace que está debajo de este video, para que puedas seguir leyendo, aprendiendo y profundizando más en el tema.
Y ya que estamos con recomendaciones y recuerdos, quiero agregar a que también vayas y visites www.egafutura.com/negocios donde encontrarás montones de artículos, que te hablarán sobre crecimiento personal, consejos y mucho más, para que puedas desarrollarte profesionalmente y como empresa.
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